Sara quería difrazarse de esqueleto, así que había que hacerle un disfraz de esqueleto. Cierto es que lo más fácil era irse a una tienda de disfraces y comprar uno hecho, pero se trata tambien de implicar a los niños en estas actividades y de evitar enviarles el mensaje de que las cosas se compran hechas. Prefiero que aprendan que las cosas hechas a mano son mejores y mas divertidas.
El caso es que todo empieza con unos leggins (¿en que momento exacto de la historia la palabra mallas fue sustituida por leggins?) y una camiseta negros, a ser posible viejillos, porque no se podrán recuperar para la vida activa. Si no se tienen, se pueden comprar en H&M, C&A o Primark por siete u ocho euros.
Luego hay que dejarse caer por la mercería más cercana (ventajas de vivir en un pueblo: las tiendas de barrio aún sobreviven) y comprar un trozo de tela de esa que se pega con la plancha (0’35 € el metro).
Con la modelo vestida de negro se van haciendo unos modelos de los huesos a medida de sus brazos, piernas, etc. que iremos poniendo sobre la ropa para ajustar el tamaño de las piezas al de la prenda.
Ahora que ya sabemos el tamaño de los huesos, calcamos todas las piezas en la tela adhesiva y las recortamos. Vestimos a la modelo con la ropa negra y con unos alfileres vamos colocando las piezas hasta que nos guste como quedan.

Si se tarda mucho en recortar y colocar se corre el riesgo de que la modelo se nos duerma de puro aburrimiento. Las diez de la noche no son horas de andar haciendo disfraces, por muy de esqueleto que sean.
El proceso es pesado, porque la tela adhesiva es bastante dificil de recortar, pero no es en absoluto dificil.
Ahora solo nos falta coger la plancha e ir pegando los huesos en su ubicación definitiva. Poco a poco, con mucha paciencia, en esta fase cualquier error puede ser fatal.
El resultado se puede ver aquí abajo.

Lápiz, tijeras, plancha y cuatro horas de trabajo. Habrá merecido la pena cuando vea la cara de Sara por la mañana.
Nos falta la careta. Pero para eso hay muchas opciones: el fieltro, la cartulina, o, si se ven con ánimos, las mascaras de escayola de La Factoría Plástica.
Mañana haremos el disfraz de calabaza. Permanezcan a la escucha.














