Está el patio de Secundaria revuelto por la última ocurrencia de la Consejera de Educación para, en teoría, ahorrar.
La idea consiste en aumentar la carga horaria de los profesores en un par de horas más. Bien pensado: si tengo en un instituto 35 profesores con 20 horas de clase, son 700 horas de clase por semana. Si en lugar de hacer 20 horas hacen 22, salen 70 horas de más (770 horas en total) lo cual es un 10% más de horas de clase por profesor, o lo que es lo mismo, sobran un 10% de los profesores de cada centro. En consecuencia, pueden prescindir de 3 ó 4 profesores por instituto, que en euros (que es a lo que vamos) son unos 6000 euros al mes por instituto. Si consideramos que en la Comunidad de Madrid hay 106 Institutos de Secundaria sale un ahorro de 636.000 euros al mes, que al año hacen casi nueve millones de euros, solo en sueldos. Genial, ¿no les parece? ¿Como no se le habrá ocurrido a nadie antes?
Nueve millones de euros, para usted y para mí son un dinerillo, y así en monton, parece muchísima pasta, pero si lo miramos comparativamente con el presupuesto en Educación para el año próximo (dato de la Comunidad de Madrid) es un cifra ridícula:
El gasto en Educación para próximo curso será de más de 4500 millones de euros. En porcentajes, el ahorro por el aumento de horas será menor del 0’2%. Una cifra ridícula. Para hacernos una idea, si consideramos un sueldo de 1500 euros (que no está mal, dados los tiempos que corren) estaríamos hablando de un ahorro de algo menos de 3 euros al mes. Absurdo.
Y mucho más absurdo es si tenemos en cuenta el daño que se va a causar a la Educación Pública con esta medida de ahorro. Porque ustedes, con total seguridad, estarán pensando que los profesores son los priviliegiados de los dos meses de vacaciones y que en realidad no pasa nada porque trabajen dos horas mas por semana para que todos ahorremos 3 euros al mes.
Pero veran ustedes: A los profesores nos da lo msmo estar dos horas más en el aula, alguno incluso lo preferimos a estar de guardia en la sala de profesores, y podemos aceptar la carga de trabajo extra que supone (una hora más de clase no son solo 60 minutos frente a los alumnos, además hay que corregir, preparar clases, inventar estrategias, reunirse para coordinarse…), la protesta no va en ese sentido. No se trata de trabajar mas o menos, sino de ofrecer un servicio de calidad a los ciudadanos, que lo pagan a través de sus impuestos.
El origen de la propuesta es que los directores de los centros han recibido orden de deshacerse de algunos profesores de sus plantillas, en general interinos, que ocupaban una plaza que era necesario cubrir. Podemos quitar de un plumazo a los profesores que consideremos que están de más. Ok, correcto, pero ¿cuales?. El profesor de ¿Latín y Griego?, ¿el de Francés? ¿El de Biología? Si hay dos profesores de Latín, (o de Ed. Física, o de Música, o de Plástica, por citar a los menos versátiles), a 20 horas, y eliminamos a uno de ellos, el otro cogerá dos de sus horas, pero ¿qué ocure con las 18 restantes? ¿quien las cubre? Evidentemente otro profesor, pero ya no será el especialista, que ha desaparecido sino otro cualquiera, y eso, por mucho ahorro que nos produzca, es un atentado contra la calidad de la enseñanza.
La Consejera de Educación se olvida de que los profesores no son unos funcionarios cualesquiera, no son burócratas que pueden asumir sin problemas el trabajo del compañero de mesa. Los profesores de secundaria somos especialistas en lo nuestro y nuestro trabajo solo puede ser realizado por otro especialista.
Tambien se puede hacer de otra manera: Aumentando el numero de alumnos por clase, o cerrando grupos en un instituto para completar los de otro. En cualquier caso atenta contra la calidad de la educación pública. O sea, que estaremos pagando a precio de oro un servicio de mierda.
El otro punto de fricción de las instrucciones de principio de curso viene a cuenta de la tutoría. Verán ustedes: En Secundaria, cada semana, el tutor dispone de una hora de contacto con sus alumnos en la que se trabajan algunos aspectos de convivencia o de educación en valores, se ponen en común los problemas que surgen del día a día, se analiza el funcionamiento del grupo… en definitiva, una hora en la que el tutor puede mantener un contacto directo con sus alumnos sin dar clase de su materia. Se llama Tutoría. Aparejada con esa hora va otra, que no se hace en la clase, sino que es la que usa el tutor para verse con las familias. Esas dos horas se pagan, pero en el aula solo se hace una. La otra idea genal del Lucía Fígar es eliminar la hora de tutoría, para, según dice ella, usar esa hora en reforzar Matemáticas, Lengua o Inglés y así “subir el nivel de nuestros alumnos”. La hora de tutoría ya se la cargaron en Bachillerato hace tres años y ahora le ha tocado a la de ESO.
Esta opinión demuestra que la Consejera no sabe de lo que está hablando: en la Enseñanza Obligatoria, hace tiempo que no se evalúa por “nivel”, sino por Competencias Básicas. El objetivo del sistema educativo actual, no es formar gente que sepa mucho de muchas cosas, sino formar ciudadanos que puedan defenderse en el mundo real, y si para ello ha habido que sacrificar algunos contenidos, pues adelante (contenidos que de todos modos el alumno acaba olvidando si en algún momento las retuvo, y si no, diganme cuantos de ustedes recuerdan el Latín de 2º de BUP, las ecuaciones Bicuadradas o las Guerras Médicas).
Nuestro sistema educativo ya no sirve de filtro social para distinguir a las clases poderosas de las humildes, sino de herramienta de integración cuyo sentido es el de formar individuos capaces de convivir.
Pero digo yo, que si de verdad le preocupase a la Consejera que los alumnos pierdan una hora de clase que podrían dedicar a la materias instrumentales, lo que tendría que hacer es cargarse la religión de una puñetera vez o esas asignaturas absurdas en las que los alumnos pierden tantísimas horas. O, (y este es el melón que nadie quiere abrir) aumentar el número de horas que los alumnos permanecen en los centros.
Personalmente opino que de todo el trabajo que desarrolla un profesor con sus alumnos, el más importante es precisamente el del Tutor. Tanto que yo la haría asignatura diaria, de media hora al inicio de la jornada, como un briefing (me encanta esa palabra), un espacio donde poner en común la planificación del día-semana-trimestre y ayudar a los alumnos a planificarse la semana, a fijar objetivos a corto, medio y largo plazo, a resolver conflictos, a corregir actitudes…
Un poco al estilo de lo que se hace en Ed. Infantil (3, 4 y 5 años): los niños tienen una asamblea diaria en la que hablan con el Tutor de lo que han hecho el día anterior y de lo que van a hacer en la jornada. Se acostumbran a hablar en público, a expresar ideas en voz alta… No entiendo por qué esa costumbre se pierde en Primaria y, por supuesto, en Secundaria. ¡Ah!, Si, ya recuerdo: El “nivel”, el sacrosanto “nivel”. Eso que nos hace formar alumnos capaces de repetir sin pestañear las ideas de los demás.