Desde que tengo mi Kindle leo mucho más que antes. En Kindle y en papel. En lo que llevamos de año he leido seis libros, lo cual constituye todo un triunfo para tener dos trabajos, dos hijas y multitud de otras aficiones. De esos seis libros, dos han sido en papel, tres en mi kindle y uno a medias entre el kindle y el papel.
El último en caer ha sido el primer volumen de “Los Juegos del Hambre”, recomendado por un amiguete vía Facebook. Ese es de esos libros que te apetece leer pero que no quieres tener en papel, principalmente porque su único atractivo es la historia que cuenta. En otras palabras: es un libro que jamás releería u hojearía en busca de un párrafo que me impresionó. Por eso era un candidato perfecto para el Kindle. En amazon el precio en papel era 17’50, frente a los 9’45 de la versión digital. Un poco más de la mitad. Me pareció razonable y lo compré, aún sin entender muy bien como puede ser que el papel, la impresión, el almacenaje, la distribución y la devolución/destrucción de los ejemplares no vendidos supongan menos del 50% del precio final del libro.
Como ya dije, el libro me ha gustado, así que fui a Amazon (que, por cierto, da un servicio extraordinario y tiene una atención al cliente como yo no he visto en ningún sitio) a por él, pero resulta que…
O sea, que, el papel, la impresión, el almacenaje, la distribución y la devolución/destrucción de los ejemplares no vendidos suponen ahora un 30% del precio final del libro. Simplemente no me lo creo, y me da la sensación de que me están tomando el pelo. Da la sensación de que el mensaje que lanzan es: “Cómprelo en papel, no nos interesa mover el mercado digital” o en el peor de los casos “Descargue gratis este libro en otro sitio, no queremos su dinero“. Porque 12’30€, la verdad no me parece caro, tratándose de un libro de casi 500 páginas que se que me va a tener enganchado unos cuantos días, pero es la diferencia de precio lo que me hace pensar que me están llamando tonto en mi cara.
Cuando, en enero, estuve leyendo “El Maestro y Margarita”, lo compré en papel (15€), y como me resultaba más cómodo tenerlo en el Kindle, lo volví a comprar, esta vez por menos de un euro.
Con “El Color de la magia” me pasó exactamente lo mismo que con Los Juegos del Hambre: comparen la versión en papel con la versión digital y echense unas risas. Pese a todo, pagué por él.
Los libreros no han aprendido ninguna de las lecciones de las descargas (llamadas) ilegales de música, puesto que están repitiendo sus mismos errores uno detrás de otro. Si nos siguen tomando por tontos, seguiremos buscando el libro en sitios alternativos (que es lo mismo que pedírselo prestado a un amigo). Ellos verán.
Por eso la segunda parte de Los Juegos del Hambre me lo voy a bajar de internet sin pagar por él. Seguro que alguien me lo deja.




