El Blog del Profe Miguel

Un blog muy personal

Enseñanza pública

La escuela pública es imprescindible. Puede resultar paradójico que un propietario-trabajador de una escuela privada-concertada afirme esto, pero no lo es en absoluto.

La escuela pública no solo debe existir, sino que debe ser de calidad, de mucha calidad. La Escuela pública deber fijar un estandar que los demás debemos esforzarnos por superar, y cuanto mejor sea la pública, mejores tendremos que ser los demás. Es cierto que la competencia obliga a mejorar, pero la competencia con lo público, porque si lo público no existe, la única competencia posible es la de los precios y eso provoca una perdida de calidad en el servicio.

Vaya por delante que la experiencia (en la pública, privada y concertada) me dice que los mejores profesionales están en la pública. He visto a profesores funcionarios obrar milagros todos los días, y la mayor parte de mis modelos son profesores de la pública. Esto no significa que todos los buenos estén en la pública ni que todos los de la pública sean buenos. De hecho también ocurre lo contrario: los peores profesores están en la pública, y la calidad media del profesorado funcionario es bastante mediocre.

Los profes de la pública afirman que ahora mismo la enseñanza pública ya es de calidad. Sintiendolo mucho no lo es. Y hablo con el conocimiento de causa que me da el haberme criado en ella, haber llevado a una de mis hijas a ella y haber trabajado allí.

Es cierto que tienen poco medios (ahora muchos menos con los hachazos recortes en presupuestos y personal), pero tampoco muchos menos que en la concertada, y el material que manejan es el mismo que nosotros, solo que se maneja de manera diferente.

La disciplina, por ejemplo es la gran asignatura pendiente en nuestros institutos.

Tengo muchos amigos profesores de la pública, y todos se quejan de la ausencia de disciplina y respeto en sus alumnos, y como consecuencia los profesores huyen de los cursos de ESO hacia el bachillerato, donde solo quedan “los que quieren estudiar”. Pero cuando les preguntas que medidas se toman contra aquellos alumnos que hablan sin respeto a un profesor o a un compañero o que usan el móvil o fuman en el centro y en general, todos, me dicen que lo ponen en conocimiento del Jefe de Estudios… y ya. Aplicar las normas de convivencia es un trabajo duro: regañar al alumno, telefonear a los padres, diseñar un castigo educativo, aplicarlo, recogerlo… es mucho trabajo. Quizá demasiado para un profesorado acostumbrado a hacer las horas justas de permanencia en el centro y salir disparados cuando estas terminan. Es una anecdota muchas veces contada, pero real como la vida misma:

El profesor de la pública dice: Hoy es el peor día de la semana, tengo cuatro clases seguidas. Y el de la concertada replica: Hoy es el mejor día de la semana,  solo tengo cuatro clases, y encima seguidas.

Quizá la imposibilidad de perder el puesto de trabajo cause una cierta “institucionalización” en algunos profesores, que se vuelven burócratas de la enseñanza, que se conforman con ir al Instituto, dar sus clases y marcharse a casa lo más rápidamente posible. Ojo, no estoy en contra de que sean funcionarios, pero un regimen disciplinario más riguroso para profesores incompetentes es imprescindible.

Una de las frases que más repiten los profesores de la pública es: Yo quiero que quiten la ESO y me devuelvan el BUP. Tan triste como cierta y repetida. Muchos profesores, especialmente en la pública, echan de menos aquellos tiempos en los que podían desembarazarse sin problemas de aquellos alumnos poco motivados o directamente poco dotados. Tiempos en los que podían dedicarse a explicar ecuaciones o figuras retóricas sin preocuparse por educar. Estimados compañeros: Lamento comunicarles que el sistema educativo ha cambiado. Ahora la educación va por otros caminos y persigue otros objetivos muy distintos de la transmisión de información. La ausencia de compromiso con la educación es un mal de muy dificil cura: No es frecuente que los profesores permanezcan voluntariamente con un alumno al que han castigado a permanecer en el centro más allá de la hora de salida, o durante los recreos. En lugar de eso se prefiere hacer la vista gorda con las faltas o descargar la responsabilidad en el jefe de Esudios. Y los alumnos lo saben. Saben que en la mayoría de los casos sus acciones quedarán impunes.

Es cierto que la educación pública adolece de muchas cosas, pero los profesores también deberían hacer un poco de autocrítica y pensar que parte de la culpa de la pérdida de calidad recae sobre sus espaldas.

La crisis

Hay muchos antiguos lectores de Pensamiento Borroso que me comentan su extrañeza por mi silencio sobre todo esto de la crisis, así que no tengo más remedio que opinar en voz alta.

La crisis no existe.

Existe la codicia de algunos, amparados por un sistema capitalista desatado, sin ningún tipo de trabas a lo que se ha dado en llamar “libre mercado”. El paro, los deshaucios y todo lo que vendrá después no son la crisis, son las consecuencias de la codicia de unos pocos. En otras palabras: si a usted, que lee esto, le han echado del trabajo o va usted a cerrar su empresa, o le echan de su casa que sepa que es para que alguien en algún lugar del mundo engorde su cuenta bancaria . Esto ya nos lo avisó Marx hace un par de siglos: Si no lo vigilamos, el capital acabará sustituyendo al estado. Et voilá…

La cara terrible de esta situación es la de 5 millones y pico de parados. Casi la mitad de los jóvenes en edad de trabajar está en paro, y con muy pocas posibilidades de encontrar un ocupación. Hasta un 70% de paro en la franja de 16-20 años. Sin trabajo no hay futuro, ni familia, ni hijos, ni proyectos. Toda una generación perdida. Todo un país caminando hacia el desastre. Según dicen por ahí, en el año 2012 podemos ponernos en seis millones y medio de parados, y no tiene pinta de pararse ahí. 2012 va a ser un año terrible.

Tenemos un gobierno que afirma que su prioridad es la creación de empleo. Al mismo tiempo anuncian que se congela la oferta de empleo público, cierran empresas públicas y ceden lo que queda a la gestión privada. Aprueban leyes que facilitan el despido y el empleo precario.

Los empresarios (la otra parte implicada en la generación de empleo) no paran de pedir “flexibilidad”, o, lo que es lo mismo, que el despido sea más barato, o directamente, gratuito.

Pero no me malinterpreten. Antes de que llegue el primer troll a cagarse en las muelas de Zapatero o de Rajoy déjenme decirles que la culpa no es del gobierno. Ni de este ni del anterior. Y si hay que buscar un gobierno al que echarle la culpa, busquen al que desregularizó los mercados financieros, al que abrió la barra libre de clasificar cualquier mierda de “producto financiero” y venderlo como si fura oro en barras. Esos son los primeros responsables.

De lo que si serán culpables nuestros gobiernos (pasados, presentes y futuros) es de no ser capaces de gestionar esta situación de manera satisfactoria para los ciudadanos. Las medidas que se están implantando van orientadas a una sola cosa: contentar a los banqueros. Especialmente a los alemanes. Los bancos saben que tienen la sartén por el mango, y mientras sigamos alimentándolos ellos seguirán pidiendo cada vez más. La última ha sido darles dinero al 1% para que compren deuda pública que les rentará al 3, 4, o 5%. Negocio redondo… para ellos, claro. Porque sus beneficios saldrán de nuestros bolsillos. Y todo esto, ¿para qué? Pues con la noble intención de que los bancos abran de nuevo el grifo del crédito. Pero eso no va a ocurrir, así que al final de la jugada, todos seremos un poco más pobres y ellos bastante más ricos y todo continuará igual.

Si todo ese dinero que hemos utilizado para que los bancos compren deuda lo hubiésemos empleado en inversiones públicas ahora tendríamos menos paro y mejores infraestructuras. Quizá los bancos se hubieran enfadado y hubieran invocado al demonio de la deuda y hubiéramos necesitado un rescate, como los griegos. Pero me hago yo una pregunta: y si los griegos se niegan al rescate y se salen del euro y dejan su deuda sin pagar. ¿Quién tendría un problema entonces? ¿Los griegos o los bancos?  Y si después Portugal hace los mismo? ¿Y si toda la zona euro hubiésemos dado esa respuesta a la vez desde el primer momento?

Las soluciones deben venir por la vía de lo público. Una empresa privada solo busca el beneficio económico de unos pocos. Una empresa pública busca el beneficio de los ciudadanos, pero aunque la orientemos a la búsqueda de beneficios exclusivamente económicos, esos beneficios serán para todos, y no solo para unos cuantos. Por cierto, ¿alguien puede recordarme porqué es malo que haya empresas públicas? ¿por qué Telefónica antes producía para todos y ahora solo produce para unos cuantos? ¿y las electricas? ¿y Renfe? ¿Y las autopistas de peaje? Todo eso era nuestro, nos lo dejamos robar y ahora lo echamos de menos.